Lunes, 04 Diciembre 2017 14:47

El único amor eterno

Escrito por Anita Guerra

Recuerdo que el día que me casé un amigo me dijo: "Te faltó una pancarta con un escudo del Deportivo donde pusiera: 'Te quiero a ti, pero me caso con él'". En las últimas semanas, me ha vuelto a la cabeza la frase varias veces. Más que nada, porque es una verdad absoluta de la que estoy siendo consciente ahora, en plena separación matrimonial.

He perdido la cuenta de los viajes que he hecho en el último año. Kilómetros balsámicos para lamer las heridas de una historia que no tiraba. O si lo queremos decir de otra manera: el Deportivo ha sido el amante perfecto y, los peñistas y deportivistas en general, la comparsa que tocaba lo que yo quería oír para tapar el ruido que no quería escuchar.

"¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión". La cita es de 'El secreto de sus ojos', de Juan José Campanella, cuando Escribano es preguntado por qué es Racing de Avellaneda para él y, este, responde tajante: "Una pasión". Y reitera que "una pasión es una pasión" cuando le meten el dedo en la llaga: "¿A pesar de que hace nueve años que no sale campeón?".

La escena es aplicable tanto a mi vida en este momento concreto, como a la situación que la afición del Deportivo viene sufriendo desde hace unos seis-siete años. Uno se caga hasta en la madre que lo parió durante 90 minutos cada semana, pero, al final "una pasión es una pasión". Y acaba volviendo a hacerse cientos de kilómetros para alentar desde la grada. Y se ilusiona cada fin de semana con un optimista "hoy sí", que habitualmente queda en humo.

El sábado, al acabar el partido, la gente estaba cabreada. No solo es lógico, sino que, además, es más que lícito. Pasa hasta en las mejores familias. Se discute. Se grita. A veces, incluso, se llega al insulto... Pero el tiempo lo cura todo. Os lo digo yo, que llevo perdonando los errores del amante por encima de los del matrimonio un año entero.

Al final, el único amor para siempre para quien entiende el fútbol con pasión, es el del escudo de su club. Por eso, cuando ve que este no se respeta, se enfada. Porque el compromiso y el amor eterno es con un escudo, no con los peones de obra de turno.

"Invocando a redención
Neste recuncho do mundo 
Faise o meu cantar profundo 
Como a terra en ultramar 
Coro faise o meu cantar 
Ao saberme secundada 
Aínda sendo abandeirada 
Dos que as levan de perder 
É por eles que hei morrer 
Sentíndome acompañada”

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