Lunes, 22 Enero 2018 05:32

Pedir moito e non dar nada

Escrito por Anita Guerra

Podía decir que estoy cansada. Harta. Desilusionada. Pero me parecen términos demasiado dulces para la amargura que venimos sufriendo y aguantando con paciencia años. Una amargura que se ha intensificado desde el pasado mes de agosto, cuando comenzó a hacerse un homenaje, por todo lo alto, al esperpento de Valle-Inclán. Así que, lo diré con claridad, para que nadie pueda decir que no me entendió: estoy hasta el mismísimo coño.

No sé a ustedes, pero a mí mi padre, desde pequeña, me enseñó que, cuando la cago no se agacha la cabeza. Se da la cara. Se arma uno de valor, da las explicaciones o los perdones pertinentes y trata de buscar un remedio. Ojo, estoy hablando de un remedio, una solución, una vía para salir adelante de manera firme. Algo que es muy distinto a poner parches, unos encima de otros, en una estrategia cutre e impropia de la historia que se nos recuerda, una y otra vez, que tenemos a base de pomposas campañas de marketing.

Por supuesto que tenemos una historia gloriosa, pero no es al aficionado al que hay que recordárselo. Nosotros sabemos muy bien quienes somos, de dónde venimos y, por desgracia, hacia qué condena vamos, cuesta abajo, con patines y sin frenos.

Es absolutamente intolerable e impropio de unos profesionales que, tras un chorreo en el Bernabéu, merced, en gran parte, a haber bajado los brazos, la plantilla decida que el indicado para salir ante la prensa sea Aldo One, canterano del Fabril y debutante en la tarde de ayer. Y a él lo respeto muchísimo, pero no procedía. Parece que ya no les basta con borrarse de los partidos que, ahora, tampoco les apetece ‘jugar’ en rueda de prensa. Sí, amigos, desde hace años, para ellos las redes sociales y los medios son un tablero, como el del parchís, donde pasar el tiempo y decir las mayores gilipolleces. Como si estuviesen en la taberna con los colegas mandándose unas cuncas.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que el máximo mandatario de nuestro club y, por extensión, responsable de todos nuestros males es especialista en no salir en situaciones críticas a la palestra, podríamos aplicar aquello de “de tal palo, tal astilla”. O que Dios los cría y ellos se juntan. La situación es gravísima. Crítica. Y seguir esperando a que amaine la tormenta es la mayor metedura de pata que una recuerde en la historia reciente de nuestro club.

Tenemos la posibilidad de ser como ellos y escondernos en el vestuario, bajo las faldas de mamá, o gritar con contundencia “basta ya”. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará en nuestro lugar. Y, en un futuro, cuando no haya remedio, no tendremos derecho a quejarnos. Será demasiado tarde y nos habremos convertido en cómplices del asesinato de nuestro escudo.

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