Gaby

El #MissLaneOnTour de esta semana llega en formato escrito. Además, os traigo una entrevista muy especial a una de las jugadoras más emblemáticas del Dépor Abanca: Gaby, delantera procedente de Venezuela y una de las piezas fundamentales de un equipo cuyos logros no paran de sucederse.

Gabriela García, "Gaby", comenzó jugando en su país con chicos, ya que donde vivía no existía equipo femenino: “Jugaba con chicos y llegué a pensar que era la única chica que jugaba al fútbol; hasta que, un día, el seleccionador nacional me vio jugando y todo cambió. A partir de ahí, Pablo Pereira se puso en contacto con mi representante y me trajo para acá”.

Se considera afortunada por jugar en un club como el Deportivo y en estos años ha visto cómo el fútbol femenino ha ido ganando peso en la ciudad: “Cada vez acude más gente a ver nuestros partidos e, incluso, me reconocen por la calle; el club también ayuda mucho en este sentido, ya que nos apoyan constantemente, por ejemplo, incluyéndonos en los actos y dándonos visibilidad en los medios”. No obstante, es consciente de las desigualdades que rodean al fútbol y de las dificultades que sufren las futbolistas. Hace unos años, tuve el placer de entrevistar a Vero Boquete, quien me comentaba que durante el Mundial del Canadá las jugadoras de la Selección Española de fútbol cobraban 30€ al día en concepto de dietas, cantidad que dista mucho de las que estamos acostumbradas y acostumbrados a ver entorno al fútbol masculino: “Está claro que las cifras no engañan. Mientras vemos cada día en los medios las cantidades que se pagan por determinados jugadores, nosotras quedamos relegadas a sueldos muchísimo menores. La balanza está totalmente descompensada y es injusto, puesto que hombres y mujeres llevamos a cabo la misma actividad”, apunta Gaby.

Javi Catoya, seleccionador nacional de Venezuela, ha convocado a Gaby para disputar la octava edición de la Copa América femenina, que se llevará a cabo en Chile del 4 al 22 de abril. La jugadora no esconde su emoción: “Es un honor para cualquier jugadora poder vestir la camiseta de su país. Además, tenemos grandes expectativas respecto a la Copa América y para mí es un honor estar convocada”.

Méritos para la convocatoria no le faltan, puesto que es la máxima goleadora del equipo y una pieza clave del engranaje capitaneado por Manu Sánchez, quien recientemente nos hablaba también para esta sección sobre la trayectoria y el proyecto que realizan.

Este domingo, el Dépor Abanca se enfrenta al Oviedo Moderno en el que será un partido crucial para el desenlace de la liga. Para dicho partido, las jugadoras contarán con el apoyo de la afición, ya que se espera un lleno absoluto en su campo (Ponte dos Brozos, Arteixo, 17h). ¿Saber que el campo estará lleno sirve como motivación extra? Gaby lo tiene claro: “¡Desde luego! En mi caso, me sirve como aliciente para seguir entrenando con ganas para salir a darlo todo el domingo. Siempre es una satisfacción ver que la afición nos apoya. Hemos estado trabajando duramente toda la semana, ya que sabemos que el partido del domingo será la constatación de todo el esfuerzo que hemos realizado para llegar hasta aquí”.

Cuando le hablo acerca del futuro, Gaby me comenta sus sueños como futbolista: “Me gustaría conseguir grandes títulos con mi Selección y seguir muchos años en este club, con el que no solamente quiero subir a Primera, sino mantenernos muchos años en la categoría”.

Que así sea, Gaby.

Domingo, 18 Marzo 2018 08:39

Girona - Dépor - Las Palmas

Escrito por
Domingo, 11 Marzo 2018 19:49

Ni estamos ciegos ni somos imbéciles

Escrito por

¿Queda a alguien más por reírse de nosotros? No diremos que no, porque, a lo largo de esta temporada, siempre han sido capaces de sorprendernos. El último, como ya es sabido, ha sido Clarence Seedorf, que no sabemos bajo qué hechizo se coloca en la banda partido tras partido.

Mi compañero Javi Torres hizo la pregunta que tenía que hacerse en el lugar que debía formularse. El amiguete Seedorf trató de dejarlo mal. Pero sucede que, cuando uno vive en una realidad paralela y tiene la osadía de tratar de llevar la contraria a una mayoría que ha visto lo que ha sucedido sobre el campo, las palabras viajan en sentido contrario. ¡Bendito efecto ‘boomerang’!

Clarence debió pensar que la señal de televisión se había ido durante los 90 minutos de Montilivi. Y durante los 90 en Getafe. Que tampoco se vieron los 90 de Eibar… Y que todos los que hemos estado, estoicamente, en las gradas en los últimos partidos, éramos hologramas, que no existíamos. Si no, no se entiende que, a la pregunta de si pensaba, realmente, que este era el camino para salvarnos, él le respondiera que si todos pensásemos como mi amigo Javi Torres, estaríamos muertos.

Yo jamás creí en la resurrección y, si no a muerto, esto cheira a putrefacto desde hace meses. Eso lo vemos nosotros, que sí hemos sufrido desde agosto, que ni estamos ciegos ni somos imbéciles para que, rueda de prensa tras rueda de prensa, y publicación de Instagram una detrás de otra, tengamos que seguir tragando, a palo seco, esta tomadura de pelo.

Quizás, con la victoria del Levante de ayer, alguno que ve gigantes en lugar de molinos, como el bueno de don Quijote, se baje de su delirio, ponga los pies en el suelo y deje de hacernos daño con sus declaraciones. De verdad, nos llega con cada puñalada al corazón cuando cualquiera de ellos no salta, no mete el pie o camina con desgana por el campo mientras nos ilusionamos partido tras partido…

O nos ilusionábamos, porque a la crónica de la muerte anunciada le faltan por escribir unas últimas y agónicas líneas amargas. No fui nunca, por naturaleza, una mujer pesimista, pero el capítulo más negro de la historia de este club –quien quiera, que revise las estadísticas y récords negativos que llevamos en el peor de los 112 años de existencia de Deportivo, a mí me hace demasiado daño-, no lo va a poder rematar con final feliz ni la mejor de las plumas literarias.

Estamos hartos de que nos vendas humo. Queremos hombres, profesionales, capaces de hacer autocrítica y de reconocer sus errores. Y no solo desde el vestuario. A buen entendedor, pocas palabras debieran bastar. Con estas, espero remover alguna conciencia, si es que les llegaran y quisieran ejercer su comprensión lectora.

Centenariazo

Hay días que una recuerda nítidamente, como si los hechos hubieran sucedido ayer mismo.

El 6 de marzo de 2002 amanecí, como es normal, en mi casa, en el barrio de Sants (Barcelona). Era miércoles y me preparé para ir al instituto sabiendo que, para mí, no era un miércoles cualquiera: esa noche mi equipo jugaba la final de la Copa del Rey contra el Real Madrid. Contra el todopoderoso Real Madrid, perdón. En el Bernabéu. El día de su centenario.

En mi instituto, donde la mayoría de mis compañeras y compañeros eran culés (no pongáis esa cara, ya os he dicho que me crié en Barcelona), había bastantes merengues también -sí, resulta que hay madridistas en Catalunya-, más que aficionados y aficionadas del Espanyol. ¿Que cuántos éramos del Dépor? Tres. Sí: seis cursos (de 1º de ESO a 2º de Bachillerato), cuatro clases por curso y unos veinticinco alumnos/as por clase. Tres deportivistas.

Dos de esos casos digamos que eran normales: yo nací en la comarca de A Mariña y en mi casa eran del Dépor hasta las mascotas desde que tengo uso de razón; el segundo caso también es más comprensible: hablamos de un compañero nacido en Barcelona y de padres gallegos. El tercero... bueno, del tercero podría escribir un artículo aparte: mi amigo Albert, catalán, hijo de catalanes, nieto de catalanes, de familia culé por excelencia, decide de pequeño que se quiere hacer del Dépor y, en efecto, se vuelve deportivista. Os hablo de un deportivista acérrimo. ¿Qué Barça ni qué Espanyol ni qué Reus? Dépor como modo de vida.

Así que, como os podéis imaginar, en cuanto nos vimos a la entrada del insti, comentamos, nerviosos, nuestras impresiones acerca del partido de esa noche.

En clase, los madridistas nos miraban, entre risas: estaba claro que éramos unos meros invitados a un acto en el que todo estaba calculado. Sabían (bueno, creían, pero me gusta relatarlo de esta forma, porque luego el ¡ZAS! suena incluso más poético) que iban a ganar y, de hecho, estaba todo preparado para que así fuera: ese año se adelantó la fecha de la final para hacerla coincidir con la celebración de sus cien años de vida y, voy a ser honesta, nosotros llegábamos a esa cita en la que, probablemente, fue nuestra copa menos glamourosa en cuanto a pasar eliminatorias se refiere (corregidme si me equivoco, pero recuerdo una incomparecencia del Hospitalet que nos dio la victoria en los despachos, unos cuartos de final que casi se quedan en eso contra el Valladolid y unas semifinales contra el Figueres, que había eliminado a Osasuna y FC Barcelona). Ellos, en cambio, venían de eliminar a Tarragona, Rayo y Athletic de Bilbao, con su We are the Champions listo para sonar por la megafonía del estadio en bucle en cuanto el árbitro diese el pitido final, con su Cibeles engalanada hasta las pestañas y sus fuegos artificiales en la retaguardia esperando a decirle al mundo que habían ganado la final de la Copa de su Rey, el día de su cumpleaños, para seguir engordando la leyenda de su señorío. Señorío que incluiría a Flávio Conceiçao invitando a Djalminha a la fiesta posterior en un conocido club de la capital en el túnel de vestuarios o a José María Álvarez del Manzano, en aquel entonces alcalde de Madrid, trasladándole a Lendoiro (como él mismo me relató) su miedo a que -y cito textualmente- “la cosa se desmadrase en Cibeles” y hubiera altercados relacionados con las celebraciones.

Se fueron sucediendo una a una las clases entre las palabras de ánimo, profesorado futbolero incluido, y la condescendencia propia de una afición de equipo grande acostumbrado a ganarlo todo. Pero lo importante era el apoyo: “Clau, aquesta nit anem amb el Depor!” (“Esta noche vamos con el Dépor”, me decían). Y yo los miraba y me encogía de hombros, como diciendo: “Se hará lo que se pueda”.

Las horas hasta llegar a la final se me hicieron eternas. Mi madre y yo estábamos solas en casa y me senté en mi sitio de los partidos: para ver el fútbol, mi sitio habitual en el sofá no era el mismo que el lugar que ocupaba cuando jugaba el Dépor, porque, oye, muy barcelonesa, sí, pero los rollos de las meigas y las supersticiones no se pierden, por muchos años que una pase fuera da Terra. Miré a mi derecha, al lugar que siempre había ocupado mi padre hasta hacía seis meses, ahora vacío, y dije en voz alta: “Bueno, Papá. Allá vamos”. Y allá fuimos.

Hasta que marcamos el segundo gol permanecí inmóvil, pero no me levanté ni para ir al baño en el descanso. De vez en cuando miraba a mi derecha, buscando en ese hueco vacío la mirada de mi padre, pensando en qué me diría en ese momento. De fondo, escuchaba a mi madre en la cocina, muerta de nervios, que me preguntaba de vez en cuando: “Nena, ¿cómo vamos?”.

Pero, entonces, y tras contar agónicamente los minutos restantes desde el gol de Raúl -quién si no-, llegó el pitido final. Y me olvidé de mi sitio en el sofá, del mundo y de mi propio cuerpo. Salté, lloré, grité y hasta sentí el abrazo de Papá y su sonrisa inundándome el alma. Con ese pitido llegaron también los aplausos y los besos de Mamá, mientras por la megafonía del Bernabéu se escuchaba a modo de himno We are the Champions y Fran levantaba la Copa; el madridismo abandonaba su estadio, el día de su centenario, viendo cómo los galleguiños (no hay término que nos pueda dar más rabia, por cierto), tan riquiños y tan callados hasta el momento, alzábamos algo mucho más importante que un trofeo: ese día, el Dépor le enseñó al mundo el valor de la humildad.

Decía mi padre que para perder una final hay que jugarla. Es cierto.

Pero el 6 de marzo del año 2002, los del señorío aprendieron que para ganarla, también.

Feliz Centenariazo.

Domingo, 25 Febrero 2018 16:01

Estamos de vuelta

Escrito por

Lo estamos los dos: el Dépor que se lleva pidiendo semanas y yo. Y, en ambos casos, con el deseo de que no sea un espejismo. También volvió un Pedro Mosquera al que se le llevaba esperando desde hace dos años, cuando el Valencia le tentó y el club le invitó a no abandonar Riazor. O Muntari que, después de casi un año sin pisar un campo y a pesar de no saber quién es Valerón, dejó el detalle más importante: que tiene ganas.

Así, con todos centrados en lo que debemos empujar desde ahora y hasta que remate la temporada, incluso, hubo una ovación al equipo por el esfuerzo. Pero, como nunca llueve a gusto de todos, mientras unos se aplaudía, después, a sí mismos por ese reconocimiento a los jugadores, otros lo vieron excesivo. Parece que estamos por la labor de no ponernos de acuerdo... Y eso no sí que no nos lo podemos permitir.

No sé, personalmente, no veo nada de malo en que, cuando se cumple con lo que se pide, aún con un 0-0 en el marcador –dos palos y un penalti fallado por más mérito del portero que demérito del delantero-, se cierren filas. Que aquí lo que queremos –o debiéramos querer todos- es quedarnos en Primera y empezar a hacer, cuanto antes, un proyecto sólido para la próxima temporada.

Desde hace unos meses, tengo la responsabilidad de dirigir un equipo y, tengo más que comprobado, que dar una palmada en la espalda cuando se han vaciado para conseguir los objetivos que nos marcamos, ayuda y mucho para salvar nuestra propia ‘liga’ particular. No hay nada de malo, siempre que, cuando no se cumple, se reprenda, con tacto, haciendo autocrítica. Al fin y al cabo, el fútbol debe de regirse por normas similares a las que dominan nuestro día a día, en casa o en el puesto de trabajo.

Fui de las escépticas con el fichaje de Clarence Seedorf, pero también es cierto que, cuando te llega un becario a tus manos, hay que darle una oportunidad. Seedorf no es ‘becario’ precisamente en esto de la pelotita, pero sí que, a la mayoría, nos hubiese gustado tener en el banquillo a alguien más rodado, pero todo el mundo se merece una oportunidad.

Vale que no estamos para experimentos, pero no menos cierto es que, con el carajal que tenemos montado en el vestuario, no todo el mundo tiene las agallas de levantar la mano y decir: “Yo voy”. Si tiene o no otro interés secundario o no, a mí, poco me importa con tal de que se vaya achicando agua y, cada vez, podamos boquear con más ligereza.

Hace unos días, mi becaria me dio una lección al hacer una noticia perfecta que habrá significado la diferencia entre un mes mediocre o uno más que digno y competitivo. Ojalá, Clarence sea capaz de darme la segunda lección antes de que termine la primavera.

Nos vemos en Getafe, haga frío, llueva o vuelva a salir el sol fuera de casa -¡ojalá!-.  

Viernes, 23 Febrero 2018 20:25

Percebes y Depor

Escrito por
Domingo, 11 Febrero 2018 19:41

El deportivismo opina sobre el fichaje de Seedorf

Escrito por
Domingo, 28 Enero 2018 22:43

Fin de semana de frustración

Escrito por

Otro fin de semana y seguimos sin arrancar. Ni Depor ni Fabril han conseguido la victoria este fin de semana. El primer equipo se jugaba la vida ante un rival directo el Levante, que se prensetó en la Coruña al encuentro a "ver que pasa" y se encontró con un partido que olía a 0-0 tras ver los primeros minutos. Muchas imprecisiones en ambos equipos, ninguno con ganas de tomar las riendas del partido para logar los ansiados 3 puntos. Nos encontramos con un gol regalado, con un marcaje a Adrián al más puro estilo Depor, el delantero remata ante el portero libre de marca, después la expulsión rigurosa de Borges hacía que la alegría del gol de Adrián se empañase, sabemos como reacciona el equipo cuando se le pone en contra, les entra la cagalera, mejor manera que como lo ha dicho Andone no se me ocurriría, pero el equipo supo jugar la primera parte, y con una gran jugada iniciada por Juanfran, si señores, Juanfran Moreno iniciando una jugada que acabaría en gol. Un pase certero de Carles Gil para que Andone marcara por el palo corto. La grada estallaba de júbilo, 2-0 en la primera parte en un momento clave de la temporada ante un rival directo. Pese a la expulsión de Borges el equipo supo recomponerse, entró Valverde por Lucas para compensar el medio del campo, ovación al de Monelos, necesaria? eso da para otro artículo. Y es que estamos tan faltos de cosas buenas que al mínimo detalle esperanzador damos una ovación. La segunda parte se supo jugar hasta el cambio de Navarro por Carles, si alguien podía aguantar el balón y perder tiempo ese era Gil. Navarro no estuvo desacertado, si el cambio de banda de Adrián que llegó con el depósito vacío a los últimos 10 minutos del encuentro. Un error defensivo para variar provocó el gol rival, sobra decir quien es el culpable ya que tanta culpa tiene el que lo hace mal como el que lo puso titular. 2-1 en el luminoso y llegó la cagalera, 11 hombres en el campo y uno solo con cojones. Al resto les hicieron falta dodotis. Si algo hay que hacer cuando el resultado está a favor y estas con un hombre menos es no jugar al fútbol, no se debió de jugar más, seguimos sin picardía sin ser más inteligentes que el rival. El Levante vio que somos débiles mentalmente, y que sólo había que tirar entre los tres palos para marcar. Y así fue, un tiro para mí más que parable batía a Rubén. Ivi al que no quisimos por Bakkali nos hacía dos goles en 10 minutos, otro jugador al que hacemos internacional. No me vale la excusa de "es que estábamos con 10", a base de excusas estamos como estamos, era un partido para ganar si o si. Y si a Valverde no le entrara la cagalera cuando pisó área rival quizás sería un 3-2 al final. En cuanto llegó el segundo gol me quedó claro que olemos a segunda, no olemos apestamos. Espero que mi pesimismo implantado ya en mucha gente no se transmita, pero lo veo muy muy crudo. Nadie desciende en la jornada 21 dicen, pero se nos está poniendo cara de Osasuna.

El domingo había esperanzas de que el fin de semana mejorase, jugaba el segundo mejor equipo de Galicia, el Fabril ante el Castilla, y he visto similitudes en ambos encuentros. con 2-0 el castilla se queda con un hombre menos, pensé en que remontaríamos pero no hubo la suerte del Levante, o es que el Castilla si supo jugar con 10 hombres? No soy entrenador pero hay cosas que duelen sólo de pensarlas.

Para finalizar matizar el tema de la portería, Rubén no es de mi agrado, ayer verlo calentar parecía que iba a jugar un amistoso y no un partido crucial para el devenir del club, sin ganas, sin esforzarse, que más dá lo que haga, va a jugar igual y le van a aplaudir igual. Silbar al portero de casa no sirve de nada, lo sé, pero aplaudirle cuando no hace nada es peor, peor que una ola tras una nefasta temporada y es que el portero que nos da puntos se fue, Germán Lux que tampoco era de mi agrado pero era más portero lesionado que Rubén en forma. 31 goles en contra en 12 partidos y se le ovaciona. Será porque es gallego? Será porque hizo un corazoncito por parar un penalti a Messi? No sé que será pero ser el menos malo no te hace bueno. Por qué no tenemos paciencia con los jugadores del Fabril o con los jugadores de 20 años?

Veremos si Koval mejora lo presente, mucho no tendrá que hacer, solo parar un tiro entre los tres palos por partido le será suficiente para mejorar lo presente. En cuanto a los porteros del Fabril hoy Francis merece un tirón de orejas, en el primer gol duda si salir o no y en el segundo es para darle una colleja. Se le perdona, es joven y tiene que aprender, sus errores han costado puntos, pero él ha dado muchos durante la temporada, debe mejorar, y si sigue así y tiene cabeza será portero del depor la próxima década.

La 18/19 no sé en que categoría será pero tiene que haber cambios, cambios profundos y con decisiones drásticas a todos los niveles. Esta afición no se merece esto a pesar de estar más dividida que nunca.

El que no trabaje que no entorpezca.

@michaelj_rcd

Lunes, 22 Enero 2018 05:32

Pedir moito e non dar nada

Escrito por

Podía decir que estoy cansada. Harta. Desilusionada. Pero me parecen términos demasiado dulces para la amargura que venimos sufriendo y aguantando con paciencia años. Una amargura que se ha intensificado desde el pasado mes de agosto, cuando comenzó a hacerse un homenaje, por todo lo alto, al esperpento de Valle-Inclán. Así que, lo diré con claridad, para que nadie pueda decir que no me entendió: estoy hasta el mismísimo coño.

No sé a ustedes, pero a mí mi padre, desde pequeña, me enseñó que, cuando la cago no se agacha la cabeza. Se da la cara. Se arma uno de valor, da las explicaciones o los perdones pertinentes y trata de buscar un remedio. Ojo, estoy hablando de un remedio, una solución, una vía para salir adelante de manera firme. Algo que es muy distinto a poner parches, unos encima de otros, en una estrategia cutre e impropia de la historia que se nos recuerda, una y otra vez, que tenemos a base de pomposas campañas de marketing.

Por supuesto que tenemos una historia gloriosa, pero no es al aficionado al que hay que recordárselo. Nosotros sabemos muy bien quienes somos, de dónde venimos y, por desgracia, hacia qué condena vamos, cuesta abajo, con patines y sin frenos.

Es absolutamente intolerable e impropio de unos profesionales que, tras un chorreo en el Bernabéu, merced, en gran parte, a haber bajado los brazos, la plantilla decida que el indicado para salir ante la prensa sea Aldo One, canterano del Fabril y debutante en la tarde de ayer. Y a él lo respeto muchísimo, pero no procedía. Parece que ya no les basta con borrarse de los partidos que, ahora, tampoco les apetece ‘jugar’ en rueda de prensa. Sí, amigos, desde hace años, para ellos las redes sociales y los medios son un tablero, como el del parchís, donde pasar el tiempo y decir las mayores gilipolleces. Como si estuviesen en la taberna con los colegas mandándose unas cuncas.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que el máximo mandatario de nuestro club y, por extensión, responsable de todos nuestros males es especialista en no salir en situaciones críticas a la palestra, podríamos aplicar aquello de “de tal palo, tal astilla”. O que Dios los cría y ellos se juntan. La situación es gravísima. Crítica. Y seguir esperando a que amaine la tormenta es la mayor metedura de pata que una recuerde en la historia reciente de nuestro club.

Tenemos la posibilidad de ser como ellos y escondernos en el vestuario, bajo las faldas de mamá, o gritar con contundencia “basta ya”. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará en nuestro lugar. Y, en un futuro, cuando no haya remedio, no tendremos derecho a quejarnos. Será demasiado tarde y nos habremos convertido en cómplices del asesinato de nuestro escudo.

Página 1 de 12

joomla компоненты

/