Sábado, 30 Diciembre 2017 08:23

Somos, fomos e seremos nós

Estamos a piques de rematar o ano. Un ano moi complicado no deportivo que vai deixarnos, ademáis do sabor amargo de ver ao noso equipo nos postos de descenso, a mala sensación de que a xente se está mosqueando có de á beira que, en realidade, teñe o mesmo pensamento que un. E iso é algo que non podemos consentir e que debemos combater con forza.

É certo que, dalgunha maneira, a responsabilidade é tamén nosa. O é por tensar a corda da paciencia ata ver cómo está a un milímetro de romper. Por tragar, unha e outra vez, con caralladas. Aínda que en realidade, niso consiste o amor cego.

A nosa relación cos responsables do clube nestos momentos, e dende os últimos anos, lémbrame a aquelas parellas nas que un descobre que o outro lle foi infiel. O cornudo perdoa por salvar unha familia, un sentimiento ou pola apatía de non poñerse a pensar de maneira egoísta e salvarse a sí mesmo. Quizais, por non armar unha rifa precipitada. Perdoa unha e otra vez. Ata que non pode máis.

É o momento de facer autocrítica. Xa que non a fan quenes deben –aínda que eu, dende aquí, convídolles a que o fagan e que ista sexa pública-, fagámoslo nós. A fin de contas somos aos que nos importa de verdade, entre tanto termo mariñeiro que vai levar ao barco a pique, achicar a auga que está encharcando a nosa cuberta. E non damos feito a facer fronte ás tempestades que nos azoutan.  

Só así, có determinación e cabeza, seremos capaces de comenzar unha nova travesía coincidindo co inicio dun novo ano.

O que non pode seguir consentíndose e que, once figuritas de futbolín que xogan connosco á ruleta rusa cada tempada, fódannos o Nadal e a existencia. Xa van moitas… Demasiadas… Eu tiña pensado ir a Vilarreal, porque é un lugar que, aínda que nas dúas derradeiras campañas fose escenario de salvación agónica, no fondo tráeme bos recordos. Pero, despois de facer o esforzo de meterme entre peito e costas 1.400 quilómetros en 48 horas –se me perdo a Noiteboa en familia despois de ver a merda de partido do 23 de decembro, a miña nai fártase de darme hostias… e con toda razón- mentras outros non respéctannos e non demostran profesionalidade no encontro, de lonxe, máis importante do ano, creo que non merece a pena.

Como tampouco o merece que discutamos entre nós que, a fin de contas, pensamos igual no fondo da cuestión –con sutís diferenzas que non deben conducir, xamáis, ao cabreo cun deportivista nin, moito menos, cun amigo-, remamos na mesma dirección e entendemos o significado desta paixón.

O Dépor somos, fomos e seremos nós. Os que sí entendemos que este escudo ten 111 anos de orgullosa historia.

¡Bo 2018! Pero que o sexa de verdade, por favor…

‘Bonus track’

Se permíteseme, quero rematar 2017 felicitando e agradecendo a todos e cada un dos membros da nosa Federación de Peñas. Eles, que fan un traballo titánico, sí que son uns profesionais dos pés a cabeza. Ollo que, ademáis, son profesionais sen soldo: só móvense polo amor a unhas cores.

Que xámais ninguén vos faga dubidar. Tocouvos lidiar cunha época puñeteira, pero tedes o apoio da xente. E iso é algo que ninguén presidente nin director deportivo vai poder robar. Polo menos, aquí hai dúas máis leias, media cabeciña e un corazón disposto a matar por vós. Onde e cando sexa.

Vós sodes a verdadeira xente mariñeira.

 

 

Lunes, 04 Diciembre 2017 14:47

El único amor eterno

Recuerdo que el día que me casé un amigo me dijo: "Te faltó una pancarta con un escudo del Deportivo donde pusiera: 'Te quiero a ti, pero me caso con él'". En las últimas semanas, me ha vuelto a la cabeza la frase varias veces. Más que nada, porque es una verdad absoluta de la que estoy siendo consciente ahora, en plena separación matrimonial.

He perdido la cuenta de los viajes que he hecho en el último año. Kilómetros balsámicos para lamer las heridas de una historia que no tiraba. O si lo queremos decir de otra manera: el Deportivo ha sido el amante perfecto y, los peñistas y deportivistas en general, la comparsa que tocaba lo que yo quería oír para tapar el ruido que no quería escuchar.

"¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión". La cita es de 'El secreto de sus ojos', de Juan José Campanella, cuando Escribano es preguntado por qué es Racing de Avellaneda para él y, este, responde tajante: "Una pasión". Y reitera que "una pasión es una pasión" cuando le meten el dedo en la llaga: "¿A pesar de que hace nueve años que no sale campeón?".

La escena es aplicable tanto a mi vida en este momento concreto, como a la situación que la afición del Deportivo viene sufriendo desde hace unos seis-siete años. Uno se caga hasta en la madre que lo parió durante 90 minutos cada semana, pero, al final "una pasión es una pasión". Y acaba volviendo a hacerse cientos de kilómetros para alentar desde la grada. Y se ilusiona cada fin de semana con un optimista "hoy sí", que habitualmente queda en humo.

El sábado, al acabar el partido, la gente estaba cabreada. No solo es lógico, sino que, además, es más que lícito. Pasa hasta en las mejores familias. Se discute. Se grita. A veces, incluso, se llega al insulto... Pero el tiempo lo cura todo. Os lo digo yo, que llevo perdonando los errores del amante por encima de los del matrimonio un año entero.

Al final, el único amor para siempre para quien entiende el fútbol con pasión, es el del escudo de su club. Por eso, cuando ve que este no se respeta, se enfada. Porque el compromiso y el amor eterno es con un escudo, no con los peones de obra de turno.

"Invocando a redención
Neste recuncho do mundo 
Faise o meu cantar profundo 
Como a terra en ultramar 
Coro faise o meu cantar 
Ao saberme secundada 
Aínda sendo abandeirada 
Dos que as levan de perder 
É por eles que hei morrer 
Sentíndome acompañada”

Lunes, 02 Octubre 2017 08:23

Muy necesario

Decía Lucas Pérez tras terminar el partido contra el Getafe que “necesitábamos una victoria así”. No le faltaba razón, pero no es lo único necesitábamos. Ni ellos ni nosotros. Podríamos empezar porque necesitábamos verle a él, de nuevo, marcando en Riazor. Después de un verano en el que oíamos su nombre hasta cuando no se pronunciaba, era necesario que una de las bolas que tocara acabase dentro. Que sí, que no ha hecho pretemporada en modo de rebeldía y todo lleva un tiempo, pero cuando las cosas van mal, las impaciencias solo se curan con hechos.

Necesitábamos ser conscientes de que Florin Andone también puede enchufarla para dar una victoria tras un inicio de campaña ramplón y con muchos fallos en el uno contra uno. Oía ayer cómo alguien decía que, el rumano, es mejor cuando no tiene tiempo para pensar antes de armar el tiro que cuando se le da tiempo y espacio. Parece que así es.

Necesitábamos también ver al propio Florin celebrando con la grada, dejándonos de bobadas y de aspavientos. Haciendo bueno lo que se ha repetido en estos años desde una y otra parte: tenemos que ser uno, juntos los que corren y los que animan. Eso sí, a la buena de mi compañera Clau de Bartolomé casi le cuesta acabar sepultada entre la muchedumbre descontrolada. Pero chica, no todos los días se le toca un sobaco al delantero de tu equipo en pleno estado de éxtasis. Tanto que se quitó la camiseta y le costó la amarilla, una norma absurda que no alcanzo a comprender. No me entra en la cabeza que la sanción sea la misma para quien enseña el torso que para el que pega un hachazo en un lance del juego.

Necesitábamos los dos puntos, pero, sobre todo, ver que hay capacidad de reacción cuando las cosas se nos ponen en contra. Desde agosto de 2016, primera jornada de Liga contra el Eibar en casa, el Deportivo no remontaba un partido que empezaba perdiendo. Casualidades de este deporte, aquella noche, Lucas marcó su último gol con nuestra camiseta antes de emprender su frustrante aventura inglesa.

Necesitábamos comprobar que Gerard Valentín está bien, que quedarse fuera de las listas de Pepe Mel se debía, únicamente, a una decisión técnica. Hemos vivido tantas situaciones surrealistas en los últimos tiempos, que estamos en el nuestro derecho de dudar hasta de nuestra sombra. Sí, los avatares de la vida nos han llevado a desconfiar…

Por eso, necesitábamos confiar. Confiar en que, si se pone lo único que se les ha pedido, entrega y lucha, se puede hacer frente y sacar los partidos adelante.

Y, quizá, justamente porque necesitábamos todo esto, lo menos necesario en este momento sea el parón por los partidos de selecciones. O sí. Con el Deportivo, nunca se sabe… Porque lo que necesitamos es que esto no haya sido uno más de sus espejismos.

Lunes, 18 Septiembre 2017 20:15

Mientras tanto, bebamos

“Hay que tener calma y saber llevar los malos resultados”. Las palabras son de Celso Borges. Son después de caer, con el mismo patrón de juego, (des)organización e ideas –que discutiblemente podían llamarse así, porque a estas alturas seguimos sin saber por dónde van los tiros- ante el Betis. Si de algo va sobrada la afición del Deportivo es de paciencia, pero el cuento empieza a sonarnos y, alguno, a pesar de estar en la jornada cuatro, intuye cómo puede acabar. Con una salvedad: en temporadas anteriores, al llegar a la última página, podíamos respirar aliviados; hoy por hoy, no parece que haya, a priori, tres equipos peores. Eso que dicen que, al final, de tanto jugar con fuego, uno se quema.

Minutos antes de que los muchachos de Pepe Mel saltaran a corretear por el césped del Benito Villamarín, la Federación de Peñas deportivistas celebraba la Asamblea para dar por finalizado el curso anterior. Quedaba pendiente, porque no estaba el horno para meter bollos en junio y que se acabara por quemar toda la partida. Así que, fruto de esa inconclusión, quizá la culpa la tengamos nosotros. Puede que ahora, habiendo votado las cuentas, hecho balance y esbozando cuál debe de ser el camino para este curso, el equipo dé por concluida la sesión circense y se centre en dar el espectáculo por el que pagamos: ver fútbol.

Terminada la Asamblea y realizadas las fotos pertinentes a pie de campo, nos dispusimos a ver el partido con las esperanzas de cada jornada: hoy sí. Pero no. Desde hace cuatro o cinco años, siempre es no. Lo único que nos queda es que el punto de reunión suele ser un bar, donde hay bebida suficiente como para pasar el trago. Porque, mientras esperamos a que el barco –alguien dijo un día que entre tanto vocabulario náutico a ver si no íbamos a tener que echar mano del ‘naufragio…- enderece el rumbo, solo nos queda beber. O entretenernos con lo que sea.

A sabiendas de que sería un más de lo mismo, la que escribe no podría hacer hoy una reflexión sobre el partido. Simplemente, porque llegó un punto, algo así como a los 20 minutos, que mi cerebro desconectó. Estando en Coruña, con gente a la que habitualmente no veo, me pareció más interesante atender las relaciones sociales. Vamos, que de haber estado rodeada de personas con las que alterno de manera más habitual, habría vuelto a beber…

Así las cosas, la única esperanza que le queda a una es que la Federación de Peñas siga con el mismo patrón de estos dos años. Que la próxima Asamblea sea igual de plácida. Que los amigos con los que hacerse una foto en el banquillo de Riazor sigan siendo los mismos. Y que un día, podamos beber, pero que no sea para olvidar, sino para celebrar una mísera victoria.

Lunes, 11 Septiembre 2017 21:40

En bucle

Hace un año y unos pocos días que comencé a escribir aquí, en la web de VerínOnTour. Desde entonces, cada lunes, me encuentro lanzando las letras al folio en blanco dentro de un bucle del que no soy capaz de salir. El mismo en el que, desde hace unas cuatro temporadas, se encuentra instalado el equipo. “Este año sí”. “Hay equipo”. “Menuda plantilla”. Y pasan las jornadas y, lo único que se oye tras el murmullo del cabreo más que justificado es: “Para la semana. Seguro que el próximo sí que sí”.

Primero fue el Real Madrid, un equipo al que no íbamos a ganar porque, sobre el papel, éramos inferiores. Después, el Levante, al que conseguimos poner con 0-2 en su casa y nos dejamos remontar por no ir a por el tercero. Por último, la Real Sociedad, que en cuatro minutos disfrutó de la inoperancia de un portero que esa mañana estaba bajo palos por “el sentido común” del entrenador. Una maravilla de arranque, vamos. Para que se hagan una idea, el peor del Deportivo desde el año 1991. Ahí es nada…

No pocas veces se ha abierto el debate de si los chavales del Fabril no valen para dar el salto. Por un lado, debo confesar que dos escalones, desde 2B a Primera, me parecen un obstáculo que podría pesarles demasiado. Pero, luego, les ves jugar, como ayer contra el Castilla, y añoras aquellos tiempos en los que los integrantes de la primera plantilla no parecían miembros del reparto de The Walking Dead. ¡Qué gusto verles disfrutar! Comprobar que Óscar Pinchi nunca tiene suficiente o que Edu Expósito está haciendo méritos para ser el siguiente en salir en busca de una oportunidad.

En segundo lugar, además de una charla puntual con una psicóloga, que ha quedado más que manifiesto que es necesario mantener de continuo, habría que darles a estos chavales unas nociones básicas de redes sociales. Ni sé ni me importa si los ‘me gusta’ y demás parvadas en Instagram y Twitter que tanto han dado que hablar tras el encuentro han sido ejecutadas, de manera real, por jugadores de nuestra primera plantilla. Pero es evidente que hay un uso incorrecto de las mismas. Y que, parece, cada año empezamos a enredar antes con las teclitas.

Tanto lo uno como lo otro, como tantas veces se ha repetido, se trata de respeto. A la gente que paga su abono. A los que hacen una kilometrada ilusionados por verles defender lo que es su pasión. A ese niño, cuya imagen circulaba ayer por los grupos de WhatsApp, que lloraba amargamente tras el 2-3, porque su equipo, de nuevo, no le había puesto pelotas.

En definitiva, respeto al fútbol, que se supone que es algo que han elegido de manera vocacional.

 

Lunes, 28 Agosto 2017 09:55

Héroe sin capa

El día del Madrid los fantasmas vinieron en la zaga, la portería y la delantera. Contra el Levante, el turno de hacernos revivir las pesadillas recientes fueros los mediocampistas –alguno, ni estuvo ni se le esperó-. Quizá hubo quien confundió aquello de ir todos en la misma dirección... Sin embargo, y aunque sea difícil desprenderse de que las sensaciones son idénticas a las que llevamos sufriendo en el lomo las últimas tres o cuatro temporadas, servidora piensa que el alarmismo solo lleva a caer en un bucle que ni nos merecemos ni es bueno alimentar en la jornada dos.

Claro que quiero un equipo que pelee. Que tenga garra. Que no se rinda. Que sepa defender lo suyo y que no se deje remontar un 0-2, máxima cuando delante tiene a un recién ascendido. Y puede, la solución la tengamos en la peña Verín. Desde aquí propongo mandar a Luis Malano a dar unas clases de lucha al vestuario de Pepe Mel. Porque si hay alguien que haya demostrado en el último mes que le sobra una docena de huevos, ese es él.

Si hay una afición que sepa ir a una, hasta en los momentos más complicados, esa es la nuestra. Llevado a menor escala, ese sentimiento lo he podido palpar en nuestro chat desde que ingresó para operarse y todos y cada uno de los días que ha estado allí, recuperándose. Hasta que el pasado miércoles escribió un mensaje para decirnos que ya estaba en casa.

Puede que esta que escribe no sea la voz más autorizada para expresarse, porque, además, Luis no es de los peñistas de mi pueblo ourensano con los que haya tenido más contacto. Pero me emocionaros sus palabras. Lo hicieron porque estaban llenas de verdad. Porque se acercaba mucho a lo que una siente: que tenemos una familia que hemos escogido y que sí entiende el concepto de remar juntos.

Pero, sobre todo, porque habiéndome visto media docena de veces, me dijo que esa cena en la que vamos a celebrar como la familia que somos que ha sido capaz de vencer y despertar de la pesadilla, la haría cuando yo, que no soy absolutamente nadie, pudiese subir a Verín.

El miércoles, aunque haya muchos que no entiendan que nos movamos por esto que para ellos es ‘solo’ fútbol, ganamos los tres primeros puntos de la temporada –como algún peñista apuntó- sin necesidad de haber saltado al verde de ningún campo. Esa sensación de unidad cuando el de al lado lo está pasando mal, prometo convertirla en lema de vida.

Hace poco leí que hay héroes que no necesitan enfundarse en unas mallas y ponerse una capa para ser. Tú eres uno de ellos. Por eso, de igual modo que otros equipos invocan espíritus pata superar eliminatorias complicadas, insto a que el deportivismo se aferre al, desde hoy, espíritu de Malano.

Gritaremos en Riazor. En el Pizjuán. En Ipurúa. Donde tú quieras. Será pronto. Estoy segura.

Lunes, 22 Mayo 2017 13:38

Respetarse y reiniciarse

Mi historia dentro de Riazor no es tan larga como la de la mayoría de socios que puedan leer esto. Ya saben: cuestión de distancia, independencia económica y tiempo para poder moverme. Pero, ahora que tengo la posibilidad, viajo todo lo que puedo hasta Coruña, porque, como no me canso de repetir, son mis mejores desplazamientos.

Así que el sábado viví el partido más complicado de la temporada. Ver un estadio dividido es mucho más doloroso que asistir a cómo el Madrid te gana en el Bernabéu por el arreón final del árbitro, comprobar la apatía en el campo mientras te cae un chorreo de 4-0 en Leganés o sufrir hasta pasado un minuto después del final en la grada de El Madrigal para certificar la permanencia.

Igual que a Miguel de Unamuno le dolía España, a mí me duele el Deportivo. Quizá porque es la única patria que me concibo en estos momentos. No comparto todo lo que pasó en el Riazor hace un par de días, pero lo respeto. Respeto al que se fue, al que se quedó, al que cantó, al que se quejó. Incluso, al que hizo la ola: hay muchas maneras de expresar la liberación. La mía fue cerrar todos los bares de Villarreal tras la permanencia aun escuchando que no había nada que celebrar, algo con lo que también estoy de acuerdo.

Yo fui de los que salieron en el minuto 30. No estaba segura de qué hacer hasta el mismo momento de irme. Y, sin tener que dar explicaciones de nada, porque me creo con la suficiente potestad de obrar, siempre desde el respeto y la tolerancia 0 al odio, la violencia y el insulto, como me pida el cuerpo.

Minuto 29. Andone marca el 2-0 y una servidora no siente nada. Ni frío ni calor. Era la primera vez, en los 25 años que llevo siguiendo al Deportivo, que no tenía la necesidad de cantar. De gritar hasta quedarme afónica, que es como llevo toda la temporada. Yo, que soy de sangre caliente y canté hasta nuestro segundo gol al Madrid el día del 2-6… Y eso me preocupó tanto, que consideré que lo más legal era abandonar la grada.

Resetearme. Mi cabeza y mi cuerpo necesitan un reinicio para volver a sentir ilusión. Y creo que no soy la única.

Ayer, un amigo de la Peña Santiago me escribió un WhatsApp en el que venía a decir que los fuegos se prenden muy rápido y que lo complicado es encontrar bomberos dispuesto e echar agua y sofocarlo. Quizá el primer cubo podamos echarlo el domingo, con el Fabril jugándose el ascenso.

Una vez concluya el trabajo de nuestra cantera, habrá tiempo para la reflexión –si el baile del mercado de fichajes nos lo permite-. Y habrá tiempo para ese reinicio tras el que, siempre desde el respeto, empecemos a reconstruir esa parte del edificio que tenemos solo apuntada.

O Dépor somos TODOS nós.

 

 

Lunes, 08 Mayo 2017 08:45

Estoy enferma

Hace exactamente un año, 8 de mayo de 2016, más o menos a las horas que empiezo a escribir esto, estaba metiéndome en un coche para hacer Madrid- Villarreal. El Dépor, al que había seguido por toda España durante ocho largos meses, se jugaba la permanencia después de un desastre en casa en el que cedió el partido por 0-2 contra el Getafe. 

Seguramente fue la previa más tensa de mi vida, pero a golpe de bombo fuimos relajando antes de entrar en El Madrigal. Y antes de que Fajr y Lucas hicieran ese 0-2 con el que quedarnos de nuevo en Primera.

Y aquí estoy, 365 días después, sabiendo que Lucas no podrá marcar y que el Villarreal se juega algo más que la honra, pero con la misma pasión incontrolable que me lleva a enganchar a un puñado de incautos que me ayuden a poner en pie un plan de viaje para hacer la penúltima -no hay nada como acabar una temporada en casa- escala de esta travesía por el desierto. Algo perpleja de que el concepto que tengo de fidelidad sea el mismo que el suyo: tomar garimbas con alguien en un ambiente festivo es fácil, remar con la sombra del diluvio universal de frente, viene siendo más jodido.

También sabiendo que la última jornada no es contra el Madrid, como hace un año, sino contra Las Palmas. Y oye, que habida cuenta de lo que se vio en El Molinón este sábado, donde no dejaron la calmita canaria en la escalerilla del avión y parecía que se les había olvidado jugar al fútbol -vale, con los nuestros nos pasa desde hace semanas, pero parecen tener detrás motivos diferentes- igual hasta podemos hacer 'algo' delante de un público que ya está rociado con gasolina y le hace falta la chispa de una cerilla para prender.

Lo reconozco: lo mío no es normal. Pero no soy un caso extraordinario. Somos muchos. Muchísimos. Y lo único que me da pena  y es que, por falta de compromiso de una de las partes, empecemos a ser  y menos. Llegados el que ha quedado claro que en el campo no ha quedado claro qué significa esta camiseta para nosotros -quizá, a pesar de las afonías semanales, no hemos gritado suficiente-, toca arremangarse y hacer los últimos kilómetros de la temporada. Sí, desde la grada no se corre ni se mete el pie. No se tira uno en plancha para hacer ese gol imposible que nos dé sustento. Pero se hace algo mucho más importante: llevar con orgullo un escudo. El mismo que, nosotros sí, pase lo que pase, luciremos en el pecho dentro de un año, camino de Villarreal o de Soria.

Lo repito muy a menudo: estoy enferma por el Deportivo. Pero, ¿sabéis qué? No quiero curarme nunca. Quien no tiene una pasión por la que perder la cabeza es como si estuviera muerto.

 

 

Lunes, 01 Mayo 2017 17:21

El objetivo del tuerto

Dicen que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Y, parece, por las cosas que hemos leído, escuchado y visto, con los ojos medio tapados para evitar una cantidad de exabruptos mayores, que ese es el objetivo. Puede que se nos haga una meta poco ambiciosa, pero no menos real es que, año tras año, tenemos la capacidad de ilusionarnos antes de ver qué es lo que se puede conseguir y cuáles son las aspiraciones tangibles.

Sin embargo, ese no es el problema. La afición está cansada y no solo por la dinámica que se arrastra desde hace años de descensos, ascensos y salvaciones sobre la bocina. Hay algo, no sé si diferente, pero si exponencialmente llamativo. El hartazgo actual radica en la manera en cómo se afronta la consecución de ese objetivo: sin alma y como si les faltase la gasolina necesaria para acabar el viaje en buen puerto.

El Deportivo se encuentra fuera de los puestos de descenso por la sencilla razón de que hay tres equipos que han hecho peor, aun si cabe, las cosas. Ojo, no debemos olvidar que en los deportes influyen las dinámicas y que, los errores arbitrales –no como excusa, sino como hecho evidente-, pudieron echar una pala de tierra por encima cuando sí había un mínimo de fuerzas para sacar la situación adelante.

Decía Lusinho en rueda de prensa que entiende “a la afición” y que comprende “su frustración”. En medio de unas semanas en las que las palabras y los gestos en las redes sociales de los jugadores han sido desafortunados, viene a poner cordura por quien no hubiésemos dado un duro de sensatez hace un año. Y se agradece.

Viene a poner calma tras un partido contra un rival descendido, pero que supo poner la casta que faltó al Dépor. Un equipo ya en Segunda que salió a marcar gol y lo hizo en el minuto cuatro. Que, después de ver cómo le volteaban el marcador, le dio la vuelta usando lo único que se les está pidiendo en estos momentos a los nuestros: la honradez de defender un escudo y de dar una alegría a una afición que no dejó de cantar en 90 minutos. Pocas veces en los últimos años he visto una afición tan coral y tan espectacular como la de Osasuna este fin de semana.

Y me da una envidia enorme. Una envidia de la que nace el debate que, como dice mi presidente, no es que si hay que estallar ya o echar el resto, armarse de contención y esperar a que ese objetivo del ‘tuerto’ sea un hecho.

 

Habrá tiempo para el juicio, pero en frío, que en caliente se magnifican las cosas y surgen los arrepentimientos. Mantengamos la calma solo un poco más. Después que marche el que tenga que marchar.

Lunes, 24 Abril 2017 09:10

Frustración

01.41. Rafa acaba de llegar a casa y escribe en un chat: "Me gustaría explicarle a Juanfran qué es la frustración". En algo más de 48 horas, se ha cruzado España dos veces, de Granada a Donosti y viceversa, en coche. Tan só por ti, que dice el cántico. Con la ilusión propia de ver al Deportivo a la ida y la mala leche -a partir de ahora la llamaremos frustración- correspondiente en la mayoría de los casos esta temporada.

Él es uno de los héroes que se empapó, debajo del diluvio universal en Málaga, encima de la pancarta de Al Sur de Riazor, y cuya imagen nos ejemplificó lo jodido y, por qué no decirlo, frustrante, que está siendo la temporada. Después de ese partido le pregunté: "¿Vas a venir al Bernabéu?". Sin perder el sentido del humor me dijo: "Si me he 'secao' para el sábado...".

Las palabras de ayer no tenían ni medio ápice de sentido del humor. No me extraña. Esto ha dejado de tener ni puta gracia. También se mojó en Granada, donde además, junto con sus compañeros de peña, había negociado en un local para que nos pusieran Estrella y tapas tras el partido y que nos sintiéramos como en casa. Se vistió de Rey Mago para ir a Cornellá y ver una ‘chirigota branquiazul’ más. A su lado vi el Dépor-Alavés de Liga –sí, ese en el que, como ya viene siendo habitual, no rascamos bola-. Nos saludamos antes de entrar en el Pizjuán...

Si hacemos memoria, todo 'partidazos'.

"Tenía muy claro que quería seguir en el Dépor, pero la frustración me está llegando. Soy una persona muy sentimental con mi trabajo y me siento frustado”, decía Juanfran unos días antes del partido en Anoeta. Y, ojo, le creo, pero también considero que no era el momento. Aunque solo sea por respeto a una afición realmente frustada. Deberíamos hacer una relación de tiempo y dinero invertido y kilómetros recorridos este año para medir la frustación. Seguro que alguna asociación nos daba una ‘paguita’, porque bien no estamos…

Es como cuando nuestras madres de pequeños nos engañaban haciendo el avioncito para meternos a presión el puré mientras nos medio ahogaban para que no lo escupiéramos. Cada semana cerramos la boca y tragamos. El sabor sigue siendo igual de amargo. Y ese, amigo Juanfran, es el verdadero sabor de la frustración.  

Aun así, el sábado, ante la escasez de entradas para visitar El Sadar –unas 700, si no recuerdo mal-, a las 10 de la mañana ya había cola en la taquilla de Riazor. Somos así: nos frustramos el domingo, el lunes tratamos de echarnos el bálsamo mágico que son las palabras de esos compañeros que lo viven como nosotros y el miércoles ya queremos fútbol otra vez. Porque lo amamos de verdad.

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