Sábado, 30 Diciembre 2017 08:23

Somos, fomos e seremos nós

Estamos a piques de rematar o ano. Un ano moi complicado no deportivo que vai deixarnos, ademáis do sabor amargo de ver ao noso equipo nos postos de descenso, a mala sensación de que a xente se está mosqueando có de á beira que, en realidade, teñe o mesmo pensamento que un. E iso é algo que non podemos consentir e que debemos combater con forza.

É certo que, dalgunha maneira, a responsabilidade é tamén nosa. O é por tensar a corda da paciencia ata ver cómo está a un milímetro de romper. Por tragar, unha e outra vez, con caralladas. Aínda que en realidade, niso consiste o amor cego.

A nosa relación cos responsables do clube nestos momentos, e dende os últimos anos, lémbrame a aquelas parellas nas que un descobre que o outro lle foi infiel. O cornudo perdoa por salvar unha familia, un sentimiento ou pola apatía de non poñerse a pensar de maneira egoísta e salvarse a sí mesmo. Quizais, por non armar unha rifa precipitada. Perdoa unha e otra vez. Ata que non pode máis.

É o momento de facer autocrítica. Xa que non a fan quenes deben –aínda que eu, dende aquí, convídolles a que o fagan e que ista sexa pública-, fagámoslo nós. A fin de contas somos aos que nos importa de verdade, entre tanto termo mariñeiro que vai levar ao barco a pique, achicar a auga que está encharcando a nosa cuberta. E non damos feito a facer fronte ás tempestades que nos azoutan.  

Só así, có determinación e cabeza, seremos capaces de comenzar unha nova travesía coincidindo co inicio dun novo ano.

O que non pode seguir consentíndose e que, once figuritas de futbolín que xogan connosco á ruleta rusa cada tempada, fódannos o Nadal e a existencia. Xa van moitas… Demasiadas… Eu tiña pensado ir a Vilarreal, porque é un lugar que, aínda que nas dúas derradeiras campañas fose escenario de salvación agónica, no fondo tráeme bos recordos. Pero, despois de facer o esforzo de meterme entre peito e costas 1.400 quilómetros en 48 horas –se me perdo a Noiteboa en familia despois de ver a merda de partido do 23 de decembro, a miña nai fártase de darme hostias… e con toda razón- mentras outros non respéctannos e non demostran profesionalidade no encontro, de lonxe, máis importante do ano, creo que non merece a pena.

Como tampouco o merece que discutamos entre nós que, a fin de contas, pensamos igual no fondo da cuestión –con sutís diferenzas que non deben conducir, xamáis, ao cabreo cun deportivista nin, moito menos, cun amigo-, remamos na mesma dirección e entendemos o significado desta paixón.

O Dépor somos, fomos e seremos nós. Os que sí entendemos que este escudo ten 111 anos de orgullosa historia.

¡Bo 2018! Pero que o sexa de verdade, por favor…

‘Bonus track’

Se permíteseme, quero rematar 2017 felicitando e agradecendo a todos e cada un dos membros da nosa Federación de Peñas. Eles, que fan un traballo titánico, sí que son uns profesionais dos pés a cabeza. Ollo que, ademáis, son profesionais sen soldo: só móvense polo amor a unhas cores.

Que xámais ninguén vos faga dubidar. Tocouvos lidiar cunha época puñeteira, pero tedes o apoio da xente. E iso é algo que ninguén presidente nin director deportivo vai poder robar. Polo menos, aquí hai dúas máis leias, media cabeciña e un corazón disposto a matar por vós. Onde e cando sexa.

Vós sodes a verdadeira xente mariñeira.

 

 

Lunes, 04 Diciembre 2017 14:47

El único amor eterno

Recuerdo que el día que me casé un amigo me dijo: "Te faltó una pancarta con un escudo del Deportivo donde pusiera: 'Te quiero a ti, pero me caso con él'". En las últimas semanas, me ha vuelto a la cabeza la frase varias veces. Más que nada, porque es una verdad absoluta de la que estoy siendo consciente ahora, en plena separación matrimonial.

He perdido la cuenta de los viajes que he hecho en el último año. Kilómetros balsámicos para lamer las heridas de una historia que no tiraba. O si lo queremos decir de otra manera: el Deportivo ha sido el amante perfecto y, los peñistas y deportivistas en general, la comparsa que tocaba lo que yo quería oír para tapar el ruido que no quería escuchar.

"¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión". La cita es de 'El secreto de sus ojos', de Juan José Campanella, cuando Escribano es preguntado por qué es Racing de Avellaneda para él y, este, responde tajante: "Una pasión". Y reitera que "una pasión es una pasión" cuando le meten el dedo en la llaga: "¿A pesar de que hace nueve años que no sale campeón?".

La escena es aplicable tanto a mi vida en este momento concreto, como a la situación que la afición del Deportivo viene sufriendo desde hace unos seis-siete años. Uno se caga hasta en la madre que lo parió durante 90 minutos cada semana, pero, al final "una pasión es una pasión". Y acaba volviendo a hacerse cientos de kilómetros para alentar desde la grada. Y se ilusiona cada fin de semana con un optimista "hoy sí", que habitualmente queda en humo.

El sábado, al acabar el partido, la gente estaba cabreada. No solo es lógico, sino que, además, es más que lícito. Pasa hasta en las mejores familias. Se discute. Se grita. A veces, incluso, se llega al insulto... Pero el tiempo lo cura todo. Os lo digo yo, que llevo perdonando los errores del amante por encima de los del matrimonio un año entero.

Al final, el único amor para siempre para quien entiende el fútbol con pasión, es el del escudo de su club. Por eso, cuando ve que este no se respeta, se enfada. Porque el compromiso y el amor eterno es con un escudo, no con los peones de obra de turno.

"Invocando a redención
Neste recuncho do mundo 
Faise o meu cantar profundo 
Como a terra en ultramar 
Coro faise o meu cantar 
Ao saberme secundada 
Aínda sendo abandeirada 
Dos que as levan de perder 
É por eles que hei morrer 
Sentíndome acompañada”

Lunes, 21 Agosto 2017 13:04

Varas de medir

Por fin llegó el día. Ese que, a pesar de los partidos veraniegos que sirven para matar el gusanillo, llevábamos esperando casi desde final de mayo. Porque algunos tenemos un enganche irracional que provoca que necesitemos ver al Deportivo en La Liga. A pesar de los horarios –agárrense los machos, porque pinta una temporada más de vapuleo al pobre-. A pesar de las kilometradas que nos metemos en el cuerpo. Y no quería decirlo, pero lo diré porque así obligan los hechos: a pesar de los arbitrajes que, ha quedado claro desde el día uno, seguirán jugando a favor de obra de los mismos de siempre.

El Deportivo plantó cara al Real Madrid, al menos en algunas fases del juego. Hubo errores que hicieron recordar a los fantasmas del pasado, como dejar las pelotas muertas a los pies del atacante en defensa. También en el mano a mano delante del portero y, lo que parece se está convirtiendo en un problema más que serio, los fallos de penalti.

Pero, de igual modo que meterle seis goles al Bergantiños no es síntoma de ser La naranja mecánica, tampoco es vara de medir un Madrid que venía mucho más rodado y después de ganar dos títulos oficiales. O lo que es lo mismo: ni hace un mes éramos tan buenos ni hoy somos tan malos. Una servidora vio más actitud que en campañas anteriores y esa debería de ser la piedra sobre la que edificar. Porque eso es algo que pedíamos a gritos desde hace, al menos, un par de años.

Falta rodaje y, dicen, alguna pieza más por encajar en el puzle de un Pepe Mel al que, al menos yo, voy a darle la oportunidad de despagar y mostrar sus ideas. Si funciona o no, si tenemos equipo o no –a priori, uno a uno, no nos suena mal el proyecto- nos lo dirá el tiempo. Solo con el paso de las jornadas seremos conscientes de dónde estamos. Y, de igual modo que Andone deberá aprender de cuando la bola no entra o Rubén analizar por qué se dejan algunas bolas a merced del delantero rival, también deberá, quien corresponda, haber aprendido la lección de temporadas anteriores para no tropezar en las mismas piedras de la lentitud en la toma de decisiones si llegara el caso y el momento.

Quiero terminar con la reflexión que anoche, tras el partido, hizo mi compañera Clau de Bartolomé (Miss Lane OnTour) en Twitter: “Siempre será infinitamente más digno perder contra el Madrid que SER del Madrid”.

Hay cosas que no se compran con dinero y, una de ellas, efectivamente, es la dignidad. Algo que, algunos jugadores que sacan la mano o el codo a pasear, de manera reiterada, y dicen estar espantando moscas, no conocerán así vivan cien años.

Paciencia, queda margen de mejora.

 

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