Domingo, 11 Marzo 2018 19:49

Ni estamos ciegos ni somos imbéciles

¿Queda a alguien más por reírse de nosotros? No diremos que no, porque, a lo largo de esta temporada, siempre han sido capaces de sorprendernos. El último, como ya es sabido, ha sido Clarence Seedorf, que no sabemos bajo qué hechizo se coloca en la banda partido tras partido.

Mi compañero Javi Torres hizo la pregunta que tenía que hacerse en el lugar que debía formularse. El amiguete Seedorf trató de dejarlo mal. Pero sucede que, cuando uno vive en una realidad paralela y tiene la osadía de tratar de llevar la contraria a una mayoría que ha visto lo que ha sucedido sobre el campo, las palabras viajan en sentido contrario. ¡Bendito efecto ‘boomerang’!

Clarence debió pensar que la señal de televisión se había ido durante los 90 minutos de Montilivi. Y durante los 90 en Getafe. Que tampoco se vieron los 90 de Eibar… Y que todos los que hemos estado, estoicamente, en las gradas en los últimos partidos, éramos hologramas, que no existíamos. Si no, no se entiende que, a la pregunta de si pensaba, realmente, que este era el camino para salvarnos, él le respondiera que si todos pensásemos como mi amigo Javi Torres, estaríamos muertos.

Yo jamás creí en la resurrección y, si no a muerto, esto cheira a putrefacto desde hace meses. Eso lo vemos nosotros, que sí hemos sufrido desde agosto, que ni estamos ciegos ni somos imbéciles para que, rueda de prensa tras rueda de prensa, y publicación de Instagram una detrás de otra, tengamos que seguir tragando, a palo seco, esta tomadura de pelo.

Quizás, con la victoria del Levante de ayer, alguno que ve gigantes en lugar de molinos, como el bueno de don Quijote, se baje de su delirio, ponga los pies en el suelo y deje de hacernos daño con sus declaraciones. De verdad, nos llega con cada puñalada al corazón cuando cualquiera de ellos no salta, no mete el pie o camina con desgana por el campo mientras nos ilusionamos partido tras partido…

O nos ilusionábamos, porque a la crónica de la muerte anunciada le faltan por escribir unas últimas y agónicas líneas amargas. No fui nunca, por naturaleza, una mujer pesimista, pero el capítulo más negro de la historia de este club –quien quiera, que revise las estadísticas y récords negativos que llevamos en el peor de los 112 años de existencia de Deportivo, a mí me hace demasiado daño-, no lo va a poder rematar con final feliz ni la mejor de las plumas literarias.

Estamos hartos de que nos vendas humo. Queremos hombres, profesionales, capaces de hacer autocrítica y de reconocer sus errores. Y no solo desde el vestuario. A buen entendedor, pocas palabras debieran bastar. Con estas, espero remover alguna conciencia, si es que les llegaran y quisieran ejercer su comprensión lectora.

Lunes, 22 Enero 2018 05:32

Pedir moito e non dar nada

Podía decir que estoy cansada. Harta. Desilusionada. Pero me parecen términos demasiado dulces para la amargura que venimos sufriendo y aguantando con paciencia años. Una amargura que se ha intensificado desde el pasado mes de agosto, cuando comenzó a hacerse un homenaje, por todo lo alto, al esperpento de Valle-Inclán. Así que, lo diré con claridad, para que nadie pueda decir que no me entendió: estoy hasta el mismísimo coño.

No sé a ustedes, pero a mí mi padre, desde pequeña, me enseñó que, cuando la cago no se agacha la cabeza. Se da la cara. Se arma uno de valor, da las explicaciones o los perdones pertinentes y trata de buscar un remedio. Ojo, estoy hablando de un remedio, una solución, una vía para salir adelante de manera firme. Algo que es muy distinto a poner parches, unos encima de otros, en una estrategia cutre e impropia de la historia que se nos recuerda, una y otra vez, que tenemos a base de pomposas campañas de marketing.

Por supuesto que tenemos una historia gloriosa, pero no es al aficionado al que hay que recordárselo. Nosotros sabemos muy bien quienes somos, de dónde venimos y, por desgracia, hacia qué condena vamos, cuesta abajo, con patines y sin frenos.

Es absolutamente intolerable e impropio de unos profesionales que, tras un chorreo en el Bernabéu, merced, en gran parte, a haber bajado los brazos, la plantilla decida que el indicado para salir ante la prensa sea Aldo One, canterano del Fabril y debutante en la tarde de ayer. Y a él lo respeto muchísimo, pero no procedía. Parece que ya no les basta con borrarse de los partidos que, ahora, tampoco les apetece ‘jugar’ en rueda de prensa. Sí, amigos, desde hace años, para ellos las redes sociales y los medios son un tablero, como el del parchís, donde pasar el tiempo y decir las mayores gilipolleces. Como si estuviesen en la taberna con los colegas mandándose unas cuncas.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que el máximo mandatario de nuestro club y, por extensión, responsable de todos nuestros males es especialista en no salir en situaciones críticas a la palestra, podríamos aplicar aquello de “de tal palo, tal astilla”. O que Dios los cría y ellos se juntan. La situación es gravísima. Crítica. Y seguir esperando a que amaine la tormenta es la mayor metedura de pata que una recuerde en la historia reciente de nuestro club.

Tenemos la posibilidad de ser como ellos y escondernos en el vestuario, bajo las faldas de mamá, o gritar con contundencia “basta ya”. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará en nuestro lugar. Y, en un futuro, cuando no haya remedio, no tendremos derecho a quejarnos. Será demasiado tarde y nos habremos convertido en cómplices del asesinato de nuestro escudo.

Lunes, 20 Febrero 2017 08:28

La excusa del rey

"Pedimos disculpas a la afición, no volverá a pasar". No sé al lector, pero a mí, las palabras de Germán Lux, me suenan sospechosamente a las de Juancar después de irse a cazar elefantes a Botswana. Sospechosamente igual de vacías. Y sospechosamente con el mismo tono de que, no solo puede volver pasar, sino que pasará de manera irremediable. Porque así ha sido la tónica en lo que llevamos de temporada. Un bucle infinito que a muchos nos hace sentir como en una rueda de hámster de la que no somos capaces de salir.

Nos hemos hartado de escuchar y leer aquello de que "los resultados van a llegar", pero por unas cosas u otras no llegan. Los de atrás aprietan y, por primera vez, asoma, de manera real, el fantasma de los puestos de descenso, con el consiguiente canguelo. Son muchos, demasiados años seguidos con la misma cantinela y ya harta.

Hasta el punto de que el sábado Riazor pitó a los jugadores. Dicho sea de paso, tan solo cinco dieron la cara sobre el césped. El resto corrió a la madriguera a refugiarse, puede que por vergüenza. No les culpo. Tampoco les defiendo. Pero les entiendo. Porque es la misma vergüenza que nos han hecho pasar en la inmensa mayoría de partidos que se han jugado hasta el momento.

Dicen los rumores (pero de eso estamos sobrados también este año y una no se cree ni la mitad de la mitad de lo que se publica en los medios y en las redes sociales) que a Garitano se le ha dado un ultimatuma y que, si no gana en Leganés, está fuera.Ya se dijo en su día y tuvo la suerte de ganar dos partidos seguidos y aquí nos hallamos, en el punto de partida, pero con mucho menos margen de maniobra. No nos podemos permitir más vaciles ni pasos en falso. El olor a Segunda es cada vez más intenso.

Después del partido en Eibar, hubo quien nos llamó 'mestallistas' a un par de socios presentes en Ipurúa. Solo por el hecho de decir lo que veíamos: que seguíamos en una cuesta abajo sin frenos y que la hostia podía ser terrible. Tras el partido del Alavés, nadie se atrevió a hacer la misma afirmación contra los que señalaron lo mismo que nosotros tres semanas atrás: que somos un equipo sin alma, sin actitud y a la deriva por falta de alguien que imprima psicólogía desde la banda.

Sí, los árbitros se han llevado un buen puñado de puntos. Y también hemos tenido la mala suerte de dar algún que otro palo. O de trenzar jugadas que no han entrado. Pero esto es fútbol: hay que meterla.

No hay tiempo para excusas: ni de cazadores de elefantes ni de ningún otro tipo. Estamos en el descuento.

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