Domingo, 25 Febrero 2018 16:01

Estamos de vuelta

Lo estamos los dos: el Dépor que se lleva pidiendo semanas y yo. Y, en ambos casos, con el deseo de que no sea un espejismo. También volvió un Pedro Mosquera al que se le llevaba esperando desde hace dos años, cuando el Valencia le tentó y el club le invitó a no abandonar Riazor. O Muntari que, después de casi un año sin pisar un campo y a pesar de no saber quién es Valerón, dejó el detalle más importante: que tiene ganas.

Así, con todos centrados en lo que debemos empujar desde ahora y hasta que remate la temporada, incluso, hubo una ovación al equipo por el esfuerzo. Pero, como nunca llueve a gusto de todos, mientras unos se aplaudía, después, a sí mismos por ese reconocimiento a los jugadores, otros lo vieron excesivo. Parece que estamos por la labor de no ponernos de acuerdo... Y eso no sí que no nos lo podemos permitir.

No sé, personalmente, no veo nada de malo en que, cuando se cumple con lo que se pide, aún con un 0-0 en el marcador –dos palos y un penalti fallado por más mérito del portero que demérito del delantero-, se cierren filas. Que aquí lo que queremos –o debiéramos querer todos- es quedarnos en Primera y empezar a hacer, cuanto antes, un proyecto sólido para la próxima temporada.

Desde hace unos meses, tengo la responsabilidad de dirigir un equipo y, tengo más que comprobado, que dar una palmada en la espalda cuando se han vaciado para conseguir los objetivos que nos marcamos, ayuda y mucho para salvar nuestra propia ‘liga’ particular. No hay nada de malo, siempre que, cuando no se cumple, se reprenda, con tacto, haciendo autocrítica. Al fin y al cabo, el fútbol debe de regirse por normas similares a las que dominan nuestro día a día, en casa o en el puesto de trabajo.

Fui de las escépticas con el fichaje de Clarence Seedorf, pero también es cierto que, cuando te llega un becario a tus manos, hay que darle una oportunidad. Seedorf no es ‘becario’ precisamente en esto de la pelotita, pero sí que, a la mayoría, nos hubiese gustado tener en el banquillo a alguien más rodado, pero todo el mundo se merece una oportunidad.

Vale que no estamos para experimentos, pero no menos cierto es que, con el carajal que tenemos montado en el vestuario, no todo el mundo tiene las agallas de levantar la mano y decir: “Yo voy”. Si tiene o no otro interés secundario o no, a mí, poco me importa con tal de que se vaya achicando agua y, cada vez, podamos boquear con más ligereza.

Hace unos días, mi becaria me dio una lección al hacer una noticia perfecta que habrá significado la diferencia entre un mes mediocre o uno más que digno y competitivo. Ojalá, Clarence sea capaz de darme la segunda lección antes de que termine la primavera.

Nos vemos en Getafe, haga frío, llueva o vuelva a salir el sol fuera de casa -¡ojalá!-.  

Lunes, 01 Mayo 2017 17:21

El objetivo del tuerto

Dicen que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Y, parece, por las cosas que hemos leído, escuchado y visto, con los ojos medio tapados para evitar una cantidad de exabruptos mayores, que ese es el objetivo. Puede que se nos haga una meta poco ambiciosa, pero no menos real es que, año tras año, tenemos la capacidad de ilusionarnos antes de ver qué es lo que se puede conseguir y cuáles son las aspiraciones tangibles.

Sin embargo, ese no es el problema. La afición está cansada y no solo por la dinámica que se arrastra desde hace años de descensos, ascensos y salvaciones sobre la bocina. Hay algo, no sé si diferente, pero si exponencialmente llamativo. El hartazgo actual radica en la manera en cómo se afronta la consecución de ese objetivo: sin alma y como si les faltase la gasolina necesaria para acabar el viaje en buen puerto.

El Deportivo se encuentra fuera de los puestos de descenso por la sencilla razón de que hay tres equipos que han hecho peor, aun si cabe, las cosas. Ojo, no debemos olvidar que en los deportes influyen las dinámicas y que, los errores arbitrales –no como excusa, sino como hecho evidente-, pudieron echar una pala de tierra por encima cuando sí había un mínimo de fuerzas para sacar la situación adelante.

Decía Lusinho en rueda de prensa que entiende “a la afición” y que comprende “su frustración”. En medio de unas semanas en las que las palabras y los gestos en las redes sociales de los jugadores han sido desafortunados, viene a poner cordura por quien no hubiésemos dado un duro de sensatez hace un año. Y se agradece.

Viene a poner calma tras un partido contra un rival descendido, pero que supo poner la casta que faltó al Dépor. Un equipo ya en Segunda que salió a marcar gol y lo hizo en el minuto cuatro. Que, después de ver cómo le volteaban el marcador, le dio la vuelta usando lo único que se les está pidiendo en estos momentos a los nuestros: la honradez de defender un escudo y de dar una alegría a una afición que no dejó de cantar en 90 minutos. Pocas veces en los últimos años he visto una afición tan coral y tan espectacular como la de Osasuna este fin de semana.

Y me da una envidia enorme. Una envidia de la que nace el debate que, como dice mi presidente, no es que si hay que estallar ya o echar el resto, armarse de contención y esperar a que ese objetivo del ‘tuerto’ sea un hecho.

 

Habrá tiempo para el juicio, pero en frío, que en caliente se magnifican las cosas y surgen los arrepentimientos. Mantengamos la calma solo un poco más. Después que marche el que tenga que marchar.

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